por Nora Arriola

UNA problemática difícil y tácita.
La violencia de hijos menores hacia sus padres, se ha convertido en los últimos tiempos en una sangrante realidad; con la alarmante cifra de casi 7.000 adolescentes denunciados por sus progenitores en todo el Estado durante 2006. Casos donde las amenazas, agresiones psíquicas, físicas o los chantajes emocionales interactúan con la culpabilidad de unos padres, generalmente incapaces de poner barreras a ese pequeño tirano en el que se ha convertido su hijo. Orientada a paliar estos comportamientos agresivos en el en-torno familiar, la asociación vizcaina Adi Egon, integrada por varios psicólogos profesionales, ha puesto en marcha en Bilbao un programa piloto subvencionado por el Departamento de Asuntos Sociales del Gobierno vasco, Nerabeekin, en el que a través de terapias individuales o grupales y diferentes charlas ofrecen apoyo gratuito a familias víctimas de esta problemática.
“Trabajamos principalmente la prevención, porque a pesar de que en la mayoría de los casos que tratamos ya existían conductas agresivas desde mucho antes de acudir aquí, pretendemos que esa violencia no vaya a más, que se reduzca y que se mejore la convivencia. También intentamos evitar la judicialización de este tipo de casos, puesto que en-tendemos que es en casa y en un entorno familiar y doméstico donde el adolescente debe crecer y desarrollarse”, explican Igor Uriarte y Libe Mariscal, psicólogos de la asociación. Cambios en la educación Aunque no es fácil constatar el origen del comportamiento vio-lento de un menor, los dos facultativos coinciden en señalar como factor relevante el cambio radical que ha experimentado la educación familiar en los últimos tiempos, el pasar de unos padres autoritarios y muy disciplinados a un modelo parental mucho más permisivo. “Los extremos nunca son recomendables, por lo tanto es necesario ejercer una autoridad moderada, porque los hijos necesitan que alguien les guíe, que les marque el camino”. Padres, que no quieren repetir los errores de generaciones anteriores, y por ello edu-can a sus hijos protegiendo y mimándoles demasiado, creando, de esa manera, niños y jóvenes egoístas y caprichosos.
“Crecen sin frustrarse y cuando algo les sale mal reaccionan desproporcionadamente, rompiendo cosas o atacando a quien tienen más cerca, la mayoría de veces a la madre, que es a quien más dé-bil ven y de quien esperan un apo-yo y un amor incondicional”. Diferentes terapias La asociación pone a disposición de las familias que acuden al programa Nerabeekin diferentes recursos. “Proporcionamos atención psicosocial individual a padres y a hijos –de entre los 12 y 18 años, aunque este problema se puede dar en edades más tempranas– o, si es conveniente a todos los miembros a la vez, mediante consultas presenciales o telefónicas. Después de estas terapias, si es necesario les derivamos a reuniones grupales con otros usuarios del servicio, donde ven que no están solos en esto, que existen más personas en su misma situación”. Aunque generalmente acuden los progenitores solos, desde Adi Egon consideran necesario la implicación de todas las partes afectadas para solucionar el conflicto. “Hay que trabajar desde la familia, identificando los factores que han ocasionado el problema para después intentar cambiarlos. Es importante no culpabilizar ni responsabilizar a nadie, y analizar la situación para luego mejorarla.
Por eso el que acuda a la terapia el agresor es un paso adelante en ese sentido, porque reconoce que hay un problema”.
Adi Egon: 94 470 45 54 (Es indispensable pedir cita previa para hacer uso de cualquiera de los servicios de la asociación)
PRÓXIMAS CHARLAS GRATUITAS DE ORIENTACIÓN:
EL POR QUÉ DE LAS CONDUCTAS AGRESIVAS DE NUESTROS HIJOS E HIJAS.
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