«Empatía, compasión y culpabilidad». Son los tres factores que se deben intentar potenciar en sus hijos desde las familias. Esta es una de las nociones destinadas a padres que se ofreció en la charla Conductas violentas de los adolescentes, impartida por Libe Mariscal, psicóloga de Hazkunde, que asegura que hoy es más díficil educar. «A los niños hay que enseñarles a ponerse en el lugar de los demás, a no preocuparse sólo de sí mismos».
La agresividad surge por una serie de factores según se explicó en la charla. «Hay que trabajar con los padres para que ellos tomen medidas en la educación de los niños. Actualmente la familia se ve sometida a tensiones. Por ejemplo, las relaciones de pareja son más inestables, hay menos tiempo disponible y energía para estar con los hijos. Existe una relación entre la autoestima de los niños y su agresividad. Hemos pasado de un modelo educativo muy estricto y autoritario a un modelo más permisivo. Eso provoca que haya más falta de límites. Nos encontramos con que existe una cultura más hedonista. Hay una oferta de consumismo voraz. La escuela va por un lado y los padres van por otro».
Precisamente, en relación a la escuela, se explicó que tiene una tarea más difícil que antes. «Nos encontramos con que el mercado global es más exigente, la sociedad es menos educadora. Por ello el fracaso escolar es hoy mayor, del 25% en la ESO y del 33% en el bachillerato. No se puede responsabilizar sólo a las escuelas de la educación de los alumnos», puntualizó.
No son más agresivos
Los niños de hoy no tienen más agresividad, según se matizó en la charla. «Hay más agresividad porque tienen posibilidad de demostrar más agresividad. El problema es que las consecuencias de sus comportamientos hoy en día no son tantas como las de antes. La autoridad que tenían antes padres y profesores hacía que esa agresividad no saliera a relucir». Ante una conducta violenta, Libe considera que «no es lo mismo un niño pequeño que el caso de un adolescente, que en algunos casos es más alto y fuerte físicamente que los padres. Hay adolescentes que son violentos en casa y en el aula y otros sólo en el aula», especifica.
Uno de los consejos al respecto es aplicar una disciplina eficaz al aplicar límites a los hijos, según Libe Mariscal. «A los padres a veces les falta habilidad para aplicar límites. Se habla demasiado y se exagera al expresar las emociones con demasiada autoridad. Debe haber un límite y también castigos para el adolescente que recurra a la fuerza física», indica.
No obstante, Libe Mariscal quiere transmitir un mensaje positivo y optimista. «Nunca es tarde y siempre se puede hacer algo para mejorar las situaciones. Existen varias medidas para fomentar la autoestima y así reducir la agresividad. Se debe desarrollar la responsabilidad del niño, darle la oportunidad de tomar decisiones», apunta.
Adicciones sin drogas
Comúnmente se tienden a identificar consumo de drogas con sustancias, pero existe también la adicción sin drogas, según explica Libe Mariscal. «Actualmente proliferan por ejemplo el uso de Internet o de telefonía móvil, los videojuegos. Se dejan llevar por las nuevas tecnologías, que en sí no es que sean malas o buenas. De hecho, tienen sus aspectos positivos pero se abusa de ellas. Si se invierten demasiadas horas, se dejan de realizar otras actividades. Algunos alumnos se enganchan y no pueden relacionarse si no es a través del chat», relata.
Por ello, Libe Mariscal subraya que «los padres deben estar atentos y supervisar en qué pasa el tiempo el hijo para que el uso de las nuevas tecnologías no se convierta en abuso, hay que saber poner límites y considerar en que están pasando el tiempo para controlar una posible adicción».
Estas adicciones no afectan a todos los niños por igual, según Libe Mariscal. «Se da el mismo caso que en los adultos. Afectan principalmente a niños que toleran poco la frustración. Casi todas las personas tienen una predisposición genética a la adicción y hay algunos factores indicadores a la adicción. Por ejemplo la escasa tolerancia a la frustración. Los niños deben aprender a frustrarse. Muchas veces los padres evitan que sus hijos se frustren y es un error. A los niños hay que enseñarles a esforzarse y no darles todo lo que piden a la primera», asegura.
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